La delincuencia y el vandalismo son un factor de riesgo al aparcar en la calle. Con razón, diferentes encuestas sitúan estas amenazas como la mayor preocupación de los conductores españoles. Por este motivo, la perspectiva de dejar coche aeropuerto Santiago, El Prat o Adolfo Suárez es atractiva para una parte de los usuarios. Pero ¿realmente son más seguros los parkings de recintos aeroportuarios?
En general, los aeropuertos disponen de tres tipos de aparcamientos: el oficial, situado a pocos pasos de las terminales de embarque; el de corta y larga estancia, más alejado de sus instalaciones, y el park and ride o disuasorio, ubicado a cierta distancia del aeródromo y dependiente, por tanto, de un servicio de lanzadera.
Cualquiera de estas opciones —si pertenecen a un aeropuerto de titularidad pública o privada y su vigilancia y control de acceso están a su cargo— es segura para estacionar. A diferencia de las plazas diseminadas por la vía pública, las situadas en aeropuertos disfrutan de una vigilancia constante, con cámaras CCTV, vallas perimetrales y personal de seguridad.
Con el servicio de aparcacoches o parking valet, el usuario se limita a entregar su vehículo al personal responsable de recogerlo, estacionarlo en lugar seguro y devolverlo en el momento acordado. Esta solución es a veces ofrecida por empresas externas sin relación con el organismo que gestiona el aeropuerto.
Además de seguro y fiable, aparcar en aeropuertos es la solución más cómoda. Los taxis y apps de movilidad (Uber, Cabify, etc.) obligan a depender de terceros, que no siempre se amoldan al horario del cliente ni cuentan con tarifas competitivas. Desplazarse en coche hasta la terminal de embarque proporciona el máximo control y libertad.
Lógicamente, la seguridad del parking en aeropuertos repercute en las tarifas. Con todo, la variedad de aparcamientos (low cost, de larga estancia, VIP) garantiza un precio adaptado a cada usuario.